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“Recordamos las palabras revolucionarias que Hidalgo pronunció con ocasión del Grito de Independencia:
Mis amigos y compatriotas: no existe para nosotros el rey ni los tributos; esa gabela vergonzosa que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de tiranía y servidumbre; terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos… sin patria y sin libertad, estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América por la cual vamos a combatir!”
Miguel Hidalgo, citado por José Mancisidor en su obra “Hidalgo, Morelos y Guerrero”.


¡Viva México!

¡Viva la libertad!

¡Viva la independencia!


Con estas palabras pronunciadas con toda la fuerza de sus convicciones y compromisos sociales, cristianos y políticos, consciente de que su vida era el precio de la libertad, Miguel Hidalgo y Costilla, cura y rector universitario, desde el atrio de Dolores Hidalgo, Guanajuato, entraba a la historia de México y a la historia universal, acompañado del Capitán Ignacio Allende, de la Corregidora de Querétaro Josefa Ortiz de Domínguez, de Jiménez y los Aldama, y se inició la Guerra de Independencia, de la abolición de la esclavitud y de la reivindicación de los indios.

Ciertamente, ese 16 de septiembre de 1810 se dijo ¡Basta a la esclavitud, la explotación y a la dependencia colonial! Hoy los mexicanos en donde quiera y en cualquier lugar, continente, isla o país donde nos encontremos, recordamos con emoción y con gratitud ese momento estelar de nuestra historia y como lo estableció el siervo de la Nación, el Generalísimo José María Morelos, desde 1813 en la propuesta de los “Sentimientos de la Nación”, pronunciados el 13 de septiembre ante el Congreso de Anáhuac en Chilpancingo, entonces capital del naciente país, honrar el Grito de Hidalgo, el Grito de Dolores.

Efectivamente al honrar a los que participaron en Dolores, Guanajuato la noche del 15 y madrugada del 16 de septiembre, estamos conscientes de recordar al mismo tiempo a los que detonaron las luchas precursoras, a Yanga y los afro-mexicanos de Veracruz, los indios del Nayar y los criollos de Morelia y Guadalajara, al Ayuntamiento de la Ciudad de México y al Lic. Primo de Verdad, mártir de las ideas de independencia y democracia política.

Eran muchos y se hicieron más, hasta llegar a ser millones en todo el Continente americano. ¡No más dependencia de nadie, ni de Inglaterra, ni de Holanda, ni de Portugal y mucho menos de España! ¡Que se siga escuchando con vigor el ourier de las campanas de Filadelfia y de Dolores!
En nuestro tiempo, a la Independencia se le han agregado conceptos de Soberanía, el de integración, cooperación y nuevos contenidos de colaboración en los tratados económicos, comerciales, culturales y científicos. Las relaciones son ahora entre países hermanos, no entre colonias y sus metrópolis, y se vela porque comprendan el respeto a los Derechos Humanos, a la ecología, al espacio exterior y a las creaciones técnicas, científicas y artísticas.

La defensa de la integridad de las personas, de los niños, de los jóvenes, las mujeres y los ancianos, comprende también el respeto a la individualidad como a la pertenencia social, y de manera extraordinaria, el respeto a su derecho de tránsito humano por todo el planeta sin persecuciones, amenazas ni neo-explotaciones.
El combate de las enfermedades y de la miseria correlacionado con el derecho universal al trabajo, la salud y una vida digna.

El derecho a votar y ser votados democráticamente las mujeres y los hombres, como las naciones, en sus países y en organizaciones multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, y la Liga árabe, africana y asiática.

En el Continente americano, el continente de la libertad y la independencia, del Nuevo Mundo y del respeto religioso, que se originó con la conquista de tierras y de hombres, que se enriqueció con las familias de colonos de todas partes…, ahora debe respetar, siempre debió hacerlo, el derecho a la integración sin abusos y sin despojar a los grupos originales de nahuas, chichimecas, mayas, aztecas, inuits, pieles rojas, xoxonees, xius, cabecitas negras y hermanos de África y del Caribe, de Asia, así como de Australia.

Vivan pues los héroes que nos dieron patria y libertad, cultura y técnica para progresar. Y si ayer las primeras decisiones fueron luchar por el respeto y la reivindicación de la propiedad de la tierra de los nativos originales, evitemos con firmeza que la causa de la humanidad se empañe por nuevos afanes de poder y riqueza con exclusión de los más.

Vivan los héroes de ahora en todas partes, como aquí en Estados Unidos de América y nuestro querido y noble México, que luchan contra la miseria y por la paz entre los hombres como entre las naciones.

Hoy continuemos la transformación de México como lo convoca el Presidente Enrique Peña Nieto, y como lo propuso José María Morelos en sus proclamas… Sentimientos de la Nación: “23°.- Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en el que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó pues en ese día.

Fue en el que se desplegaron los labios de la nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe el Sr. Don Miguel Hidalgo y su compañero Don Ignacio Allende”.


¡Viva México! ¡Viva el 16 de septiembre de 1810 y de 2015!

Boise, Idaho, 30 de agosto de 2015



“Recordamos las palabras revolucionarias que Hidalgo pronunció con ocasión del Grito de Independencia:

Mis amigos y compatriotas: no existe para nosotros el rey ni los tributos; esa gabela vergonzosa que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de tiranía y servidumbre; terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos… sin patria y sin libertad, estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América por la cual vamos a combatir!”

Miguel Hidalgo, citado por José Mancisidor en su obra “Hidalgo, Morelos y Guerrero”.