Reseña histórica del Consulado de México en Filadelfia

 

El Consulado en Filadelfia fue una de las primeras representaciones en el exterior con las que México contó en sus inicios como nación independiente. Con el afán de continuar consolidando su presencia y reconocimiento a nivel internacional y con motivos políticos y económicos, principalmente; durante la primera mitad del siglo XIX México estableció algunas agencias consulares en ciudades y países de gran relevancia por su perfil económico y demográfico.

 

Tal fue el caso de Filadelfia –la segunda ciudad más poblada de EEUU en ese periodo–, en donde México abrió un Viceconsulado en 1826 y el cual dependía en buena medida –al menos administrativamente– del entonces recién inaugurado Consulado en Nueva York. A su apertura, el Viceconsulado en Filadelfia estuvo a cargo del señor H. Enh; posteriormente, en 1827, fue nombrado José Tolón quien fue relevado en 1831 por Estanislao de la Cuesta, sucedido a su vez por George Follin en 1833[1] y Ángel Cox, quien fungió como interino en 1834. En 1835, el señor Manuel Velázquez de la Cadena rechazó el nombramiento para encabezar el Viceconsulado y según registros, éste permaneció vacante hasta 1864, cuando fue asignado Fernando Cuesta, quien falleció en 1865.[2]

 

De acuerdo con registros de actos y documentos consulares expedidos por esta oficina, se tiene certeza de que para 1926 éste ya contaba con el rango de Consulado de Carrera y no de Viceconsulado. Actos de ese periodo hacen constar que un Cónsul ya contaba con prerrogativas específicas para llevar a cabo acciones y expedición de documentos.

 

Actualmente, el Consulado de México en Filadelfia ejerce funciones desde el edificio The Bourse, ubicado en el distrito histórico de Filadelfia (Old City), justo frente a Independence Mall, el corredor de inmuebles que vio nacer la declaración de independencia de EEUU.

 

[1] Debido al incipiente desarrollo de leyes y regulaciones que rigieran el actuar de la diplomacia y las relaciones consulares, muchos de los encargados de esas oficinas se delegaba a representantes extranjeros que tenían como función principal defender los intereses de nuestra nación.

[2] “Los primeros consulados de México 1823-1872”; v. 7, Colección del Archivo Histórico Diplomático Mexicano, SRE. Tercera época , México, 1974, pág. 28.